Inmigración

ESTADíSTICA DE 2015

La Comisaría del puerto requisó 460 documentos de identidad y practicó 301 arrestos por falsificación

pasaporte falso
photo_camera Pasaporte exhibido en el control de pasajeros del puerto, expedido por una presunta "Autoridad Mundial"/ C.A.

Los agentes de la Policía Nacional asignados al control de pasajeros y vehículos en la estación marítima intervinieron a lo largo del pasado año 460 documentos de identidad y detuvieron a 301 personas acusadas de un delito de falsificación. Uno de los portadores de estos documentos falsos llegó a exhibir ante los agentes un pretendido pasaporte, expedido por una supuesta "World Service Authority", que le acreditaba como "ciudadano del mundo".

El viajero entregó al agente su flamante pasaporte azul marino, troquelado con caracteres dorados e ilustrado con un mapamundi ovalado. El policía ojeó el documento. A continuación, escrutó el rostro de su propietario. Finalmente, devolvió la mirada a aquel curioso librito desde el que le observaba, con el rostro iluminado por una media sonrisa, la fotografía del tipo que aguardaba al otro lado de la ventanilla. Y concluyó que aquello no podía estar pasando.

El estrafalario pasaporte, expedido por una pretendida “World Service Authority”, certificaba la condición de ciudadano del mundo de su titular.

El jefe de la Comisaría de Policía del puerto, Diego Vílchez, recuerda enternecido la candidez de aquel hombre. “Un  pasaporte de fantasía, sí señor”, bromea el inspector.  

Como el desinhibido protagonista de este fracaso, cientos de extranjeros intentan cada año burlar los controles policiales de la estación marítima para acceder a los ferris que les conducirán a la Península. Las falsificaciones documentales estuvieron detrás de prácticamente la mitad de las 604 detenciones practicadas el pasado año en el puerto por la Policía Nacional.

Los instrumentos del engaño pueden ser tan burdos como el inverosímil pasaporte mundial que sigue asombrando al inspector Vílchez o auténticas obras maestras de la falsificación. La formación recibida, la experiencia y la perspicacia son las herramientas de las que disponen los policías para combatir a los impostores.

Durante 2015, los policías de la Comisaría del puerto han participado en distintos dispositivos especiales contra la inmigración. Uno de ellos, la denominada “Operación Minerva”, concebida para atajar flujos migratorios irregulares y combatir la delincuencia transfronteriza, movilizó desde finales de julio a 78 agentes de 14 estados europeos en los puertos de Algeciras, Ceuta y Tarifa.

867.989 pasajeros viajaron durante 2015 a través del Estrecho en dirección a Algeciras. Un denso tráfico de personas que no facilita la labor de los agentes del puesto de control. Pese a ello, la Policía Nacional consiguió incautarse el pasado año de 460 documentos, la mayor parte de ellos carnés de identidad y pasaportes españoles y permisos de residencia. La manipulación de los visados de entrada en España resulta fácilmente apreciable. Basta con detenerse en la fecha de caducidad, que los falsificadores tratan de alterar mediante el uso de sustancias químicas o raspando el papel.

policía nacional puerto control de pasajerosUn agente controla el paso de los pasajeros en la estación marítima/ A.S.

policía nacional puerto jefe de comisaría puerto diego vílchezEl jefe de la Comisaría del puerto, Diego Vílchez/ A.S.

Suplantadores y azoteas

La utilización de documentos auténticos que se hacen pasar por propios es una práctica extendida que requiere osadía y una cierta preparación previa. Los suplantadores hacen todo lo posible para conseguir que su aspecto se asemeje al que ofrece la fotografía del verdadero titular. “Tratan de peinarse igual, si el de la foto tiene un lunar, se lo pintan… Cada vez lo hacen mejor”, explica Vílchez.

Las temporadas vacacionales aumentan el ritmo de trabajo en el control. La llegada de los emigrantes marroquíes que retornan a su país para disfrutar de un periodo de descanso anima a otros a emprender la aventura del salto a la Península. Y multiplica el número de suplantadores. La Policía ha advertido que en no pocas ocasiones los recién llegados ceden sus pasaportes a algún conocido o familiar para, a continuación, denunciar su pérdida.

Los nacionales de Marruecos y Argelia constituyen el grueso del contingente de extranjeros que cada año intenta cruzar el Estrecho valiéndose de documentación falsificada. De un tiempo a esta parte, los sirios, a quienes se ha llegado a intervenir pasaportes griegos y búlgaros, también han comenzado a llegar, al igual que los tunecinos. Los migrantes procedentes de los países subsaharianos no suelen arriesgarse a franquear los controles.

Los tejados de la estación marítima se han convertido desde hace unos años en otro de los escenarios de la actuación de los agentes. Decenas de jóvenes extranjeros pululan por las azoteas a la búsqueda del momento propicio que les permita acceder a uno de los ferris sin ser vistos. Un acceso inadvertido a una pasarela, una trampilla vulnerable en un barco o cualquier otra posibilidad de eludir la vigilancia se suma de inmediato al acervo de mañas que permitirán saldar con éxito la intentona. Los policías saben que si alguno de ellos lo consigue, otros le imitarán para tratar de colarse por el mismo sitio.

Cada arresto que la Comisaría portuaria registra entre quienes ven frustrado su sueño de alcanzar Europa es una aventura personal quebrada, la historia de una decepción. La candidez del “ciudadano del mundo” que exhibía el documento que le acreditaba como hombre de todas partes nos sitúa ante un tipo de ser humano al que los policías no son ajenos. “Cuando hablas con ellos descubres que son personas que viven con pocos medios, que tienen familia en Europa, que intentan colarse empujados por la necesidad: la mayoría son buena gente”, comparte el inspector Vílchez.

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