Balance anual sobre inmigración

Muertes a nado, menores desbordados y un CETI sin plazas: un año duro para la inmigración en Ceuta

El nuevo Real Decreto para derivar menores desde territorios saturados no ha logrado aliviar la situación en Ceuta, que cierra 2025 con cifras desbordadas y sin avances reales en reubicaciones

Tarajal Frontera
photo_camera Tarajal Frontera

La presión migratoria volvió a desbordar a Ceuta en 2025. Más de 40 personas fallecidas intentando alcanzar la ciudad a nado, un CETI al límite, los centros de menores triplicando su capacidad y un mecanismo de reubicación nacional que arrancó tarde y con cuentagotas. 

Ceuta, 2025: el mar como frontera letal

La tragedia volvió a repetirse con una frecuencia casi insoportable. Más de 40 personas murieron este año tratando de alcanzar Ceuta a nado, bordeando el espigón del Tarajal con neoprenos desgastados y chalecos de mala calidad. Crónicas idénticas, cuerpos agotados, rescates imposibles. El estrecho que separa Marruecos de la ciudad volvió a actuar como filtro y fosa.

Los llamados nadadores, jóvenes en su mayoría, afrontaron corrientes extremas, frío, mal estado del mar y la falsa ilusión de una distancia corta. Una frontera que se mide en metros pero se paga, demasiadas veces, con la vida.

Menores migrantes: un sistema desbordado al 2.000% de capacidad

El verano de 2025 volvió a evidenciar la fractura del sistema de protección. A finales de agosto, la Ciudad activó la petición formal al Ministerio de Juventud e Infancia para declarar la contingencia migratoria extraordinaria, una figura prevista en el Real Decreto 743/2025, diseñado para habilitar derivaciones masivas desde los territorios saturados: Ceuta y Canarias.

El dato habla por sí solo: Ceuta tiene asignadas 27 plazas ordinarias de acogida. En 2025 llegó a tutelar 563 menores. Un 2.000% de ocupación.

A mediados de septiembre, el portavoz del Ejecutivo local, Alejandro Ramírez, insistía en que se habían cumplido “inmediatamente” todos los trámites y que la Delegación del Gobierno estaba “en fase de resolución” para activar las primeras reubicaciones. Pero la realidad seguía siendo la misma: ningún traslado ejecutado. “No tenemos fecha prevista”, admitió.

Los primeros movimientos: un traslado simbólico en septiembre

El 29 de septiembre, Ceuta trasladó al primer menor migrante desde la declaración de la contingencia. Un caso puntual, casi simbólico, que no aliviaba en absoluto la saturación de los centros.

Mientras tanto, los expedientes se acumulaban. La ministra Sira Rego reconoció en noviembre que ya había unos 200 expedientes tramitados y que el proceso de derivaciones “va en marcha”, aunque con una logística compleja: territorios emisores, territorios receptores, recursos de primera acogida y coordinación entre ministerios.

Como respuesta inmediata, el Gobierno aprobó 13 millones de euros para reforzar la acogida en los territorios más tensionados:

  • Ceuta: 4,1 millones

  • Canarias: 5 millones

  • Melilla: 2,7 millones

  • Baleares: 1,2 millones

Fondos que se suman a los 22 millones liberados en septiembre y a los 100 previstos por la reforma del artículo 35 de la Ley de Extranjería.

Pero la Ciudad lo definió con claridad: satisfacción parcial, pero sin resultados.

El CETI, al borde del colapso

No fueron solo los menores. El CETI de Ceuta vivió este verano una de sus peores crisis desde la pandemia.

A finales de agosto, el centro superaba ampliamente sus 500 plazas. Las tiendas instaladas en los patios ya no daban más de sí. Y en el exterior, en el Jaral, las imágenes se viralizaron: decenas de migrantes durmiendo en la calle, bajo plásticos, mantas o sábanas improvisadas.

Marroquíes, argelinos, tunecinos, egipcios y subsaharianos compartiendo un mismo suelo y una misma espera.

La delegada del Gobierno, Cristina Pérez, explicó entonces la ecuación imposible:

  • Cada salida a la península se cubre con quienes esperan en la calle.

  • Los plazos administrativos frenan los expedientes.

  • Y la falta de plazas en otros territorios ralentiza cualquier traslado.

A partir de octubre comenzaron a organizarse salidas de grandes grupos, lo que alivió la presión inmediata, pero no resolvió la raíz del problema.

El papel de Marruecos: frenar los intentos antes de que lleguen a la valla

La relación bilateral volvió a ser determinante. A comienzos de octubre, la Policía marroquí frustró uno de los mayores intentos de cruce masivo del año: 540 personas detenidas en los senderos entre Beliones y Castillejos.

Grupos organizados desde redes sociales, donde jóvenes marroquíes comparten rutas, horarios, consejos y tácticas para llegar a Ceuta olvidando lo esencial: el riesgo extremo. Las redadas y despliegues marroquíes fueron frecuentes durante el otoño, conteniendo presiones que de otro modo habrían impactado directamente en la frontera ceutí.

Mirando a 2026: ¿qué puede cambiar?

El nuevo marco legal introduce un sistema de derivaciones automáticas cuando un territorio supera su capacidad. Ceuta lleva años reclamándolo.
Si se ejecuta con regularidad y sin bloqueos políticos, podría:

  • Reducir la saturación en centros de menores.

  • Evitar crisis como la del CETI en agosto.

  • Aportar estabilidad a la gestión migratoria en frontera.

Pero el año termina con una sensación evidente: las herramientas están, pero su eficacia aún no se ha puesto a prueba de verdad.

Ceuta seguirá siendo un punto clave en la frontera sur. Y mientras la presión continúe, la ciudad, sus recursos y su gente convivirán con un fenómeno que exige coordinación, agilidad y humanidad. Un equilibrio que, en 2025, volvió a ser muy difícil de sostener.