La gestión pública en Ceuta vive un momento de transición silenciosa pero decisiva. Entre inercias políticas, estructuras heredadas y la necesidad urgente de profesionalizar las sociedades municipales, emerge una figura que, sin pretenderlo, se ha convertido en referencia: Luis de la Barrera, gerente de Servilimpce.
Su caso es excepcional en el ecosistema municipal. De la Barrera es el único gerente del sector periférico que no llegó al cargo por designación política, sino tras un proceso de selección externo. Ese “pecado original”, como algunos lo llaman, es precisamente su mayor valor: representa el mérito frente al dedo, la validación técnica frente al reparto de cuotas.
En un Ayuntamiento donde los nombramientos suelen responder a equilibrios internos, su llegada marcó un precedente. Un recordatorio de que la gestión de lo público puede —y debe— estar en manos de especialistas capaces de aportar rigor, método y estabilidad.
Servilimpce, una empresa en plena mutación
Servilimpce no nació de cero. Es el resultado de la subrogación de la plantilla de TRACE, con todo lo que ello implica: una cultura de empresa privada, ritmos distintos, hábitos arraigados y, en ocasiones, vicios difíciles de desactivar. A eso se suma la exigencia de adaptarse a la Ley de Contratos del Sector Público, a la fiscalización administrativa y a la transparencia absoluta.
Ese es el terreno que pisa Luis de la Barrera desde su llegada a Ceuta procedente de Sevilla, con una trayectoria sólida en gestión pública. Su labor ha consistido en traducir una operativa privada al lenguaje del sector público, un trabajo ingrato, lento y poco vistoso, pero imprescindible para que la municipalización del servicio tenga sentido.
Los primeros resultados empiezan a notarse. La “normalización” de la sociedad, como la define el consejero de Medio Ambiente, Alejandro Ramírez, se refleja en una mejora progresiva de la limpieza urbana. Aún insuficiente, sí, pero constante. Y en política municipal, la constancia es un valor escaso.
Un relevo que no termina de cerrarse
Mientras Servilimpce avanza en su transición, el Gobierno de la Ciudad mantiene abiertas varias decisiones clave sobre el relevo en sus sociedades municipales. En Servilimpce, de los tres perfiles que se barajaron para la gerencia, solo queda uno sobre la mesa. Y dentro del Ejecutivo empieza a imponerse una máxima conocida: “lo que funciona, no se toca”.
La posibilidad de mover a Juan Valderrama, gerente de Acemsa, ha estado sobre la mesa, pero su gestión estable y sin sobresaltos en la sociedad del agua refuerza la idea de no alterar piezas que funcionan.
En paralelo, la oferta pública para incorporar un director financiero en Servilimpce sigue paralizada. Una figura clave para reforzar el control económico y consolidar la etapa de transición que lidera De la Barrera. Su ausencia es, hoy por hoy, uno de los principales retos pendientes.
El espejo para el resto del sector periférico
El éxito de Luis de la Barrera no se medirá solo por el estado de las calles, sino por su capacidad para blindar la empresa contra la ineficiencia y convertirla en una herramienta de precisión al servicio del ciudadano. Si logra culminar esta transformación, Servilimpce podría convertirse en el modelo que el resto de sociedades municipales necesita: un ejemplo de que la profesionalización funciona y de que la selección técnica no es una rareza, sino un camino posible.
Mientras tanto, en Obimace y Obimasa los escenarios siguen abiertos. En esta última gana peso el nombre de David de la Encina, exalcalde de El Puerto de Santa María, bien valorado por su experiencia en gestión pública. La decisión final, como siempre, la tendrá el presidente Juan Vivas, prudente a la hora de mover fichas y consciente de que aún queda margen de mejora en el entramado municipal.