Tras meses de denuncia sindical y soluciones precarias, los vigilantes de seguridad que prestan servicio en la frontera cuentan por fin con una caseta digna. FeSMC-UGT agradece la implicación institucional y advierte: “Seguiremos vigilantes”.
No es solo una caseta. Es una conquista. Es el final —o el principio— de una lucha sindical que comenzó bajo un toldo atado con cuerdas. En junio, la Federación de Servicios, Movilidad y Consumo de UGT Ceuta (FeSMC-UGT) alzó la voz: los vigilantes de seguridad que prestan servicio en la frontera trabajaban en condiciones indignas, expuestos al sol, al viento, a la indiferencia.
La denuncia pública fue clara: no se puede vigilar la frontera desde la precariedad. La respuesta inicial, un toldo improvisado, fue casi una metáfora del abandono. Pero la insistencia sindical, sumada a la mediación de la Ciudad Autónoma y la Delegación del Gobierno, ha dado fruto. Hoy, la caseta ya está construida. Y con ella, se levanta también un gesto de respeto hacia quienes cuidan los márgenes de Ceuta.
La nueva instalación permite resguardar a los profesionales de seguridad, ofrecerles un espacio funcional y, sobre todo, reconocer su labor como parte esencial del engranaje fronterizo. Desde FeSMC-UGT, el agradecimiento institucional es explícito. Pero también lo es la advertencia: “Seguiremos vigilantes”, afirman, para que la caseta no sea solo fachada, sino garantía de habitabilidad, seguridad y dignidad.
Este logro no es casual. Es fruto de una reivindicación sostenida, de un compromiso sindical que no se conforma con gestos simbólicos. Porque en Ceuta, la frontera no es solo geografía. Es también escenario de derechos, de trabajo invisible, de historias que merecen ser contadas.
FeSMC-UGT reafirma su compromiso con todos los trabajadores y trabajadoras de la ciudad. Y esta caseta, pequeña en tamaño pero grande en significado, se convierte en símbolo de lo que aún queda por conquistar.