El sol del domingo iluminó un momento especial en la playa de San Amaro: la suelta de dos tortugas marinas recuperadas por el CECAM, un acto que congregó a decenas de ceutíes, familias enteras que no quisieron perderse la escena de los animales regresando a su hábitat natural.
La mañana comenzó con una improvisada recogida de plásticos, un gesto simbólico que evidenció que aún queda mucho por aprender en materia de conciencia medioambiental. Después, dos voluntarias del centro reunieron a los más pequeños para explicarles qué iban a presenciar.
Entre ellas, Manuela Canto acercó la realidad de estas especies a los niños y niñas: “La charla ha consistido simplemente en que los niños conozcan un poco al animal, porque la confunden mucho con la tortuga de tierra”. Explicó las diferencias, el ciclo de vida y, sobre todo, el impacto del plástico en su supervivencia. “Es una de las mayores causas de muerte de las tortugas marinas”, señaló, detallando cómo la ingesta de bolsas o tapones acaba provocando que salgan a flote sin poder sumergirse, expuestas al sol y a embarcaciones que pueden herirlas gravemente.
Las dos tortugas liberadas este domingo habían pasado semanas en el Centro de Recuperación tras ser rescatadas con síntomas de flotabilidad positiva. “La hembra ha estado un mes con nosotros y el macho cerca de un mes y pico”, explicó Canto. El protocolo incluye introducirlas en agua dulce para limpiar los caparazones y observar si flotan de forma anómala, un indicio de la cantidad de plástico ingerido. Tras varios días, vuelven al agua salada, se alimentan y expulsan los residuos.
Ante los asistentes, la voluntaria mostró un bote lleno de tapones, bolsas y restos plásticos expulsados por los propios animales. “A los que nos gusta el animal, duele”, reconoció. Y no ocultó su escepticismo sobre el compromiso social: “Yo no tengo mucha confianza en la concienciación todavía de los mayores. Siguen igual”.
Equipadas con transmisores satelitales, ambas tortugas enviarán ahora información sobre sus rutas migratorias y zonas de descanso. Datos que servirán al CECAM y al Ministerio para la Transición Ecológica (MITECO) para seguir estudiando sus patrones y reforzar la protección de una especie cada vez más amenazada por la acción humana.
Lo que quedó claro en San Amaro es que el mar no devuelve lo que se le roba: lo acumula en forma de heridas invisibles. Y que la esperanza de las tortugas depende, en buena parte, de la conciencia que nazca entre las nuevas generaciones.