Semana Santa en Ceuta

La Hermandad de las Penas vuelve a estremecer a Ceuta en un Jueves Santo que se hizo fe

La Hermandad de las Penas protagoniza uno de los momentos más sobrecogedores de la Semana Santa de Ceuta, con el Cristo de la Humildad y Paciencia y Nuestra Señora de las Penas recorriendo el centro de la ciudad entre silencio, incienso y devoción

Nuestra Señora de las Penas
photo_camera Nuestra Señora de las Penas

La Hermandad de las Penas volvió a convertir el centro de Ceuta en un escenario donde la emoción se mide en silencios. Desde que el Cristo de la Humildad y Paciencia cruzó la puerta de la Iglesia de San Francisco, los devotos y fieles eran conocedores de que ese instante que cada año se repite, pero nunca se vive igual. Los costaleros, firmes y contenidos, marcaron un compás que parecía dialogar con la multitud. Las miradas se alzaban, los móviles se bajaban, y por un momento todo se redujo a un paso que avanzaba despacio, casi con pudor.

IMG_20260402_201959

Ceuta volvió a detenerse este Jueves Santo. No hizo falta que nadie lo anunciara: bastó con que se abriera la puerta posterior de San Francisco para que la ciudad entendiera que empezaba uno de esos momentos que no necesitan presentación. La Hermandad de las Penas salió a la calle y, con ella, ese pulso que mezcla fe, memoria y una emoción que no se explica, se siente.

Las Penas

El Cristo de la Humildad y Paciencia fue el primero en cruzar el dintel. La imagen de Rabasa, restaurada por Miñarro, avanzó con esa mecida lenta que parece hablar sin palabras. Los costaleros marcaban el paso; los nazarenos, en azul marino, abrían camino con la serenidad de quien sabe que la fe también se camina en silencio.

Levantás con nombre propio

Las calles del centro se transformaron cuando apareció Ella. Nuestra Señora de las Penas, mirada baja y dolor contenido, volvió a convertirse en un imán para cientos de ceutíes. El palio, atribuido a Blas Molner y restaurado por Álvarez Duarte, parecía flotar. La Banda de Música “Ciudad de Ceuta” puso la banda sonora justa: emoción sin exceso, dulzura sin artificio.

La Penas
La Penas

La Plaza de los Reyes, Camoens, el Revellín, O’Donnell… cada tramo se convirtió en un pequeño santuario improvisado. No hacía falta hablar. Bastaba con mirar. Bastaba con escuchar cómo el incienso, la cera y el compás iban tejiendo una oración colectiva.

El recorrido que Ceuta conoce de memoria

Poco más de una hora después de su salida, Las Penas entró en la carrera oficial. A las 21.55 reanudaba su marcha hacia la Plaza de la Constitución para seguir por Revellín, Ingenieros, Cervantes, Marqués de Santa Cruz, Velarde, Amargura y Beatriz de Silva, antes de regresar a su templo.

El Cristo caminó acompañado por las cornetas y tambores de la banda “Virgen de Luna”, de Villanueva de Córdoba. El palio, por la música de Zafra. Dos estilos distintos para un mismo latido.

Una historia que sigue viva

La Hermandad de las Penas no necesita grandes discursos para explicar quién es. Desde 1947 mantiene encendida la devoción agustiniana en Ceuta. Lo volvió a demostrar este Jueves Santo: cuando Ella camina, la ciudad baja el ritmo y mira al cielo.

Con 900 hermanos, la cofradía es una de las referencias de la Semana Santa ceutí. Sus primeras reglas datan de abril de 1947, aunque la devoción venía de antes: fueron los cofrades de la Expiración quienes dieron a la Dolorosa de San Francisco la advocación de Las Penas. Una de sus primeras procesiones se remonta a 1945. Entre 1947 y 1948, la Virgen protagonizó junto a Jesús Nazareno el tradicional Encuentro.

Hoy, casi ocho décadas después, sigue ocurriendo lo mismo: basta con que la Virgen asome por San Francisco para que Ceuta recuerde que hay tradiciones que no envejecen, que solo se hacen más hondas.