​Un año para revisar: el PSOE de Pérez Triano sigue sin una clara hoja de ruta

Un año después de la llegada de Miguel Triano a la ejecutiva del PSOE de Ceuta, las dudas pesan más que los logros. Un grupo parlamentario sin hoja de ruta, una estructura interna débil y una gestión que no termina de cuajar dibujan un balance incómodo

Pérez Triano, delegado
photo_camera Miguel Ángel Pérez Triano

Hay aniversarios que se celebran y otros que se revisan. Este, el del primer año de la ejecutiva del PSOE de Ceuta con Miguel Triano al frente, es de los segundos.

Doce meses después, el balance obliga a hacerse preguntas incómodas. No por falta de ganas ni de ilusión, sino por una sensación clara: falta rumbo. Tres nombramientos en Delegación, un no-cese que nadie ha explicado bien y una actividad parlamentaria que no termina de arrancar.

Triano quiso abrir una etapa nueva, pero lo que ha salido se parece demasiado a una fórmula vieja: la del equipo de José Antonio Carracao… pero sin Carracao. Un PSOE donde todo se decide entre muchos, pero nadie asume nada. Y en ese reparto, se pierde lo básico: criterio y responsabilidad con el ciudadano.

Porque gobernar —o querer hacerlo— no es vivir en debate permanente. Es marcar rumbo y tomar decisiones.

La salida de Triano del grupo parlamentario, como asesor delegado, para ir a Delegación abre otro melón. Hay quien lo ve como un movimiento para darle visibilidad y prepararlo para 2027. Puede ser.

Pero también está la otra lectura, cada vez más extendida: el grupo parlamentario se ha quedado solo. Sin estrategia, sin hoja de ruta, sin fuerza. Un equipo que dispara mucho y acierta poco.

Y mientras tanto, otro problema crece por dentro: la estructura del partido. Trabajadores que no cumplen, perfiles colocados sin preparación real para asesorar a nadie. Un modelo que debilita al grupo y transmite hacia fuera una idea peligrosa: que aquí se improvisa demasiado.

Así no se construye alternativa.

El problema no es de nombres. Es de enfoque. El PSOE de Ceuta sigue atrapado entre el activismo y la gestión, entre el titular y la propuesta, entre la queja y la solución. Y mientras tanto, la ciudad sigue esperando políticas de verdad: de cohesión, de futuro, de proyecto.

Urge parar. Urge escuchar. Urge hacer.

Porque la propaganda, sin hechos detrás, siempre se vuelve en contra. Y porque no han sido 365 días de socialismo: han sido 365 días de gestión. Y ahí es donde se mide todo.